Compartir la mesa, compartir mucho más
En nuestras viviendas de emancipación, los momentos compartidos forman parte de la vida cotidiana y tienen un valor que va mucho más allá de la propia actividad.
Comer juntos es una oportunidad para encontrarnos, conversar, compartir cómo ha ido el día y disfrutar de un momento de tranquilidad en compañía. También permite fortalecer los vínculos y favorecer una convivencia basada en el respeto, la participación y el apoyo mutuo.
Además, preparar una comida, organizarse, colaborar y sentarse después a compartirla son pequeñas acciones cotidianas que contribuyen al desarrollo de la autonomía y las habilidades para la vida independiente.
Porque en una vivienda de emancipación también se construye un proyecto de vida en los pequeños momentos del día a día.
Una mesa compartida puede ser también un espacio para crear vínculos, ganar autonomía y sentirse parte de un hogar.

